Image

LUNES SANTO: CELEBRACIÓN PENITENCIAL FRANCISCANA

Los Seglares Franciscanos, a quienes el Señor nos concedió benignamente "comenzar a hacer penitencia" debemos renovar incesantemente el espíritu de conversión (CCGG. 32,1). Lo que nos lleva a contemplar el ministerio de la reconciliación como una parte importante de nuestra vida. Por tanto, los hermanos debemos cada día esforzarnos por reconciliarnos con el Señor, con nosotros mismos, con la fraternidad y con todos los hombres (CCGG. 33,1), y debemos tener en alto grado y practicar el sacramento de la reconciliación, con el fin de experimentar el perdón del Señor.

CANTO INICIAL

MOMENTO DE REFLEXION

San Francisco nos repite, a todos nosotros, su invitación a la penitencia, a la reconciliación total con Dios y con los hermanos, a la renovación radical de nuestra vida en Cristo. Dios es nuestro Padre y nos espera para renovar, en la alegría, el encuentro con cada uno de nosotros. Sólo quiere que nos reconozcamos pecadores y necesitados de su perdón y de su amor.


En el nombre del Padre.
R. Amén.


Dios abra nuestro corazón al conocimiento de su ley, nos dé su paz y nos reconcilie entre nosotros.
R. Amén


Hermanos, en nuestro caminar cristiano y franciscano todos sentimos la necesidad de paramos un momento para pedir perdón al Señor y para hacer experiencia de su amor. Nuestra vocación de seguidores de Francisco de Asís nos estimula a acoger con fe al Señor, que viene constantemente a nuestra vida. Oremos para obtener la gracia del perdón y la renovación del corazón.


(Breve pausa)

Dios omnipotente y misericordioso, que nos has reunido en el nombre de tu Hijo, para damos gracia y misericordia en el momento oportuno, abre nuestros ojos para que veamos el mal cometido, y toca nuestro corazón para convertimos a ti. Que tu amor restablezca en la unidad lo que la culpa ha disgregado; tu poder cure nuestras heridas y sostenga nuestra debilidad, y tu Espíritu renueve toda nuestra vida y nos dé la fuerza de tu caridad, para que resplandezca en nosotros la imagen de tu Hijo, y todos los hombres reconozcan en el rostro de la Iglesia la gloria de aquel que tú has manifestado, Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios 4,23-27.29-32

Hermanos: De él aprendieron que es preciso renunciar a la vida que llevaban, despojándose del hombre viejo, que se va corrompiendo por la seducción de la concupiscencia, para renovarse en lo más íntimo de su espíritu y revestirse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad.
Por eso, renuncien a la mentira y digan siempre la verdad a su prójimo, ya que todos somos miembros, los unos de los otros.
Si se enojan, no se dejen arrastrar al pecado ni permitan que la noche los sorprenda enojados, dando así ocasión al demonio.
No profieran palabras inconvenientes; al contrario, que sus palabras sean siempre buenas, para que resulten edificantes cuando sea necesario y hagan bien a aquellos que las escuchan.
No entristezcan al Espíritu Santo de Dios, que los ha marcado con un sello para el día de la redención.
Eviten la amargura, los arrebatos, la ira, los gritos, los insultos y toda clase de maldad.
Por el contrario, sean mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los ha perdonado en Cristo.
Palabra de Dios.

+ Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, l-12ª
Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él.
Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
«Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron.
Palabra del Señor

Image

Escuchemos ahora algunas de las "Bienaventuranzas" de san Francisco, que actualizan muy bien el mensaje del Evangelio que acaba de proclamarse. Es dichoso aquel que confiesa con humildad su pecado, y también aquel que es capaz de recibir con igual sinceridad y gozo la reprensión que la alabanza.

Dichoso el siervo que confiesa humildemente

Lectura de las Admoniciones de san Francisco 22.23


Dichoso el siervo capaz de soportar con igual paciencia la instrucción, acusación y reprensión que le viene de otro como si se la hiciera él mismo.
Dichoso el siervo que, al ser reprendido, acata benignamente, se somete con modestia, confiesa humildemente y expía de buen grado.
Dichoso el siervo que no tiene prisa para excusarse y soporta humildemente el sonrojo y la reprensión por un pecado en el que no tiene culpa.
Dichoso el siervo que es hallado tan humildad entre sus súbditos como lo sería si se encontrase entre sus señores.
Dichoso el siervo que siempre se mantiene bajo la vara de la corrección.
Es siervo fiel y prudente el que en ninguna caída tarda en reprenderse interiormente por la contrición y, exteriormente, por la confesión y satisfacción de obra.
En alabanza de Cristo y de su siervo Francisco. Amén.

EXAMEN DE CONCIENCIA

de Custodia el Corazón, Papa Francisco

CONFESIÓN Y PERDÓN DE LOS PECADOS

Por qué confesarse
¡Porque somos pecadores! Es decir, pensamos y actuamos de modo contrario al Evangelio. Quien dice estar sin pecado es un mentiroso o un ciego. En el sacramento Dios Padre perdona a quienes, habiendo negado su condición de hijos, se confiesan de sus pecados y reconocen la misericordia de Dios. Puesto que el pecado de uno solo daña al cuerpo de Cristo que es la Iglesia, el sacramento tiene también como
efecto la reconciliación con los hermanos.

Cómo confesarse
No es siempre fácil confesarse: no se sabe que decir, se cree que no es necesario dirigirse al sacerdote... Tampoco es fácil confesarse bien: hoy como ayer, la dificultad más grande es la exigencia de orientar de nuevo nuestros pensamientos, palabras y acciones que, por nuestra culpa, nos distancian del evangelio. Es necesario <a Dios por medio de una vida renovada.

Qué confesar
Examen de conciencia

Consiste en interrogarse sobre el mal cometido y el bien emitido: hacia Dios, el prójimo y nosotros mismos.

En relación a Dios
¿Solo me dirijo a Dios en caso de necesidad? ¿Participo regularmente en la Misa los domingos y días de fiesta? ¿Comienzo y termino mi jornada con la oración? ¿Blasfemo en vano el nombre de Dios, de la Virgen, de los santos? ¿Me he avergonzado de manifestarme como católico? ¿Qué hago para crecer Espíritualmente, cómo lo hago, cuándo lo hago? ¿Me revelo contra los designios de Dios? ¿Pretendo que Él haga mi voluntad?

En relación al prójimo
¿Sé perdonar, tengo comprensión, ayudo a mi prójimo? ¿Juzgo sin piedad tanto de pensamiento como con palabras? ¿He calumniado, robado, despreciado a los humildes y a los indefensos? ¿Soy envidioso, colérico, o parcial? ¿Me avergüenzo de la carne de mis hermanos, me preocupo de los pobres y de los enfermos? ¿Soy honesto y justo con todos o alimento la cultura del descarte? ¿Incito a otros a hacer el mal? ¿Observo la moral conyugal y familiar enseñada por el Evangelio? ¿Cómo cumplo mi responsabilidad de la educación de mis hijos? ¿Honoro a mis padres? ¿He rechazado la vida recién
concebida? ¿He colaborado a hacerlo? ¿Respeto el medio ambiente?

En relación a mí mismo
¿Soy un poco mundano y un poco creyente? ¿Cómo, bebo, fumo o me divierto en exceso? ¿Me preocupo demasiado de mi salud física, de mis bienes? ¿Cómo utilizo mi tiempo? ¿Soy perezoso? ¿Me gusta ser servido? ¿Amo y cultivo la pureza de corazón, de pensamientos, de acciones? ¿Nutro venganzas, alimento rencores? ¿Soy misericordioso, humilde, y constructor de paz?

Acto de contrición
Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar y confío en que por tu infinita misericordia me has de conceder el perdón de mis pecados, y me has de llevar a la vida eterna.

LA RECONCILIACIÓN

Recordando, hermanos, la bondad de Dios nuestro Padre, a ejemplo de san Francisco, confesemos con humildad nuestros pecados para alcanzar así misericordia.

Rezamos
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos, y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios nuestro Señor.

Pidamos con humildad a Cristo, nuestro salvador y abogado ante el Padre, que perdone
nuestros pecados y nos limpie de toda iniquidad, diciendo:
Te rogamos, óyenos.
-Que nos concedas la gracia de una verdadera penitencia.
-Que nos concedas el perdón y borres nuestros pecados.
-Que a quienes con el pecado hemos manchado nuestro bautismo, nos devuelvas la blancura primitiva.
-Que permanezcamos, de aquí en adelante, con entrega sincera, fieles a nuestra vocación franciscana, adheridos del todo a ti y a nuestros hermanos.
-Que renovados en la caridad, seamos testigos de tu amor en el mundo.
-Que vivamos ya desde ahora el espíritu de las Bienaventuranzas.
-Que perseveremos fieles a tu voluntad y lleguemos a la vida eterna.

 

Con las mismas palabras que Cristo nos enseñó, pidamos al Padre que perdone nuestros pecados y nos libre de todo mal.

Padre nuestro.

 

ACCIÓN DE GRACIAS

Omnipotente, eterno, justo y Misericordioso Dios, concédenos por ti Mismo a nosotros, Miserables, hacer lo que sabemos que quieres y querer siempre lo que te agrada, a fin de que, interiormente purgados, iluminados interiormente y encendidos por el fuego del Espíritu Santo, podamos seguir las huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y llegar, por sola tu gracia, a ti, Altísimo, que en perfecta Trinidad y en simple Unidad vives y
reinas y estás revestido de gloria, Dios omnipotente, por los siglos de los siglos.
R. Amén.

DESPEDIDA

El Señor dirija nuestros corazones en la caridad de Dios y en la espera de Cristo.
R. Amén.
Para que podamos caminar con una vida nueva y agradar a Dios en todas las cosas.
R. Amén.
Y que nos bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo.
R. Amén.
El Señor nos ha perdonado, vivamos en el amor y en la alegría de su seguimiento.
R. Amén.